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2/18/2008 Las grandes aves que no podían volarLa pequeña se sentó entre mis piernas, y con su voz inocente me preguntó: “Tío, los gorriones vuelan porque son pájaros, ¿verdad?” “Claro” contesté entusiasmado por el tema que comenzaba a tocar. “Entonces, las gallinas no son pájaros” afirmó.
Instintivamente me surgió en la boca la palabra “no”, porque había empleado una lógica que me aplastaba en ese momento, y porque de primeras a la gallina no la calificaría como pájaro (orden Paseriformes). Pero no era ni la persona ni el momento de indicarle tal sutileza ornitológica.
Le respondí con un prolongado “sí, sí que lo son” sabiendo que tal afirmación iba a conducir a una nueva pregunta. Pero me equivoqué. Era pequeña, pero el coco le funcionaba muy bien. Fruncía un poco el ceño y el lado derecho del labio inferior se superponía a su labio superior como mordiéndoselo, intentando comprender aquella sucesión de ideas. - “¿Y cómo puede ser que si no vuela como los gorriones sea un pájaro como ellos?” - preguntó inquieta. - “Porque no todas las aves son capaces de volar, pero no por eso dejan de ser aves. Hay bebés, mucho más pequeños que tú, que no saben andar y no por eso dejan de ser personas” - “¿Y hay muchos más pájaros que les pasa eso?” - dudaba - “Alguno hay, aunque cada vez son menos. Conocerás otro, que seguramente habrás visto en el zoo: el avestruz” - le indiqué yo mientras hacía un gesto con la cabeza. - “Síííí, el avestruz que mete la cabeza dentro de la tierra” - dijo mientras copiaba mi gesto. - “Eso es, son especies que el hombre empezó a domesticar, como ganado, y que por ello aún siguen con nosotros, otras, al no poder volar, ni escapar, ni ser apreciadas por su vuelo, han ido desapareciendo, aunque aún quedan algunos casos de aves silvestres no voladoras, como un pequeño y simpático pájaro que se llama kiwi…” - “Ah sí, esa llena de pepitas negras y con pelo, que me da mamá de postre” - me interrumpió, - “¡Ja, ja, ja! No, eso es una fruta, yo te hablo de un animal”
Verás, si te sientas bien, que me estás aplastando las piernas, te cuento una historia. Ella ya sabía de qué iba eso de “las historias del tío Miguel”, por lo que corrió apresurada a su alfombra, se tumbó con las piernas cruzadas en alto, mientras me miraba con unos ojos tan abiertos que podía intuir a través de ellos cómo fluía la información por su cabeza.
«Hace mucho, mucho tiempo, el hombre no vivía en casas como esta, ni en edificios, ni en calles, ni comía carne que le vendían en un envoltorio de plástico en el supermercado, ni comía verduras durante todo el año. Antes el hombre cazaba, como hace el lobo ibérico que has visto en los vídeos de tu padre. Y vivía en unos días diferentes a los nuestros. Por supuesto había menos personas que las que hay ahora, porque la caza no les daba para comer mucho. Y convivían con muchos más animales que ahora. Hace mucho, mucho tiempo, los animales campaban libremente por estos sitios que ves ahora, y el hombre se escondía, atemorizado de ellos. Existe una relación que dice que al haber menos hombres que cazaban, y también menos depredadores, había más herbívoros, esos que pastan comiendo hierba todo el día, y que están por debajo en nuestra pirámide alimenticia. Y además de ser más, eran más grandes, porque como no tenían el agobio de que un depredador carnívoro les pudiera comer, podían desempeñar más tiempo y energía en desarrollarse.
Y ahora bien: ¿sabes porqué los avestruces meten la cabeza debajo de la tierra? Pues porque quieren llegar a ver a unos parientes suyos que viven en Australia, al otro lado justo de nosotros. Para ser exactos viven en Nueva Zelanda, una isla del continente llamado Oceanía. Es de los últimos territorios donde llegó el hombre allá por el año 1.300, y conserva muchas de las especies que te comentaba antes que no han desaparecido, o han desaparecido mucho más tarde que otras. Nueva Zelanda tiene una peculiaridad, y es que hasta que no llegó el hombre no estuvo poblada por mamíferos, ya sabes, ni caballos, ni ovejas, ni vacas, ni ratones, ni los lobos... Así que ese espacio, que llamamos nicho ecológico, fue ocupado por otra clase de animales: los pájaros, y algún que otro reptil. Y ahí es donde aparecieron pájaros tan extraños como la gallina aunque no tengan nada que ver. Su singularidad, y que tanto te llama a ti la atención: que son aves no voladoras. Y ese rasgo lo podemos sumar al que te he contado antes del tamaño, y obtenemos unas aves muy grandes que o bien no han desarrollado el vuelo, o bien lo han perdido. Hoy en día a estas aves las llamamos ratites, y muchas de ellas ya han desaparecido. Para que te vayan sonando, o quizá de alguna hayas oído hablar, entre ellas encontramos a las propias avestruces (procedentes de África), los ñandúes americanos, los emús medio australianos medio indonesios y los kiwis (las aves) de Nueva Zelanda como sus parientes los moa. Verás que esta familia de aves tan antigua está circunscrita, representada, en una relativa porción pequeña del planeta. Y es que este hecho es muy importante para estudiar la evolución tanto de nuestro planeta como de los seres que lo conforman. Seguro que tú, una chica tan lista, llegas pronto a la conclusión, y sino te lo explico yo. Hace mucho, mucho, pero que mucho tiempo estas aves eran una misma que vivía en un territorio “pequeño”, este territorio se fue fragmentando y aislándose quedando cada pájaro en una porción de tierra. El tiempo hizo lo demás, cada vez más lejos unas de otras fueron adaptándose al ambiente en que vivían. Así de simple, eso es la evolución.
Muchas de estas aves perdieron hasta las alas, ya no les servían para nada, porque corrían como demonios, desarrollándoseles de forma extraordinaria las patas. Pero para que no te quedes con la idea de que ninguno de esos pájaros prehistóricos gigantescos era capaz de volar, te presentaré a una imponente ave que sí que sabe volar, ¡y de qué manera! La llaman Águila de Haast, y tienen una relación muy estrecha, de depredador-presa, con los moa. Es como el águila real y las palomas, pero a lo grande. Y bueno, ya te seguiré contando más a cerca de estas aves tan grandes y tan antiguas, que veo que te vas a hacer daño en el labio de tanto morderte. ¿Has tenido suficiente por hoy?»
- “Sí tío Miguel, son muchas cosas las que me cuentas y soy aún pequeña para entender muchas de ellas, pero me ayudan a entender algunas cosas” - “También eras muy pequeña hace años cuando te enseñaba a botar la pelota o a saltar a la pata coja, y mírate ahora, toda una señorita” - “Contigo seguiré aprendiendo tío Miguel” - “Que así sea por mucho tiempo, hasta que tenga que aprender yo de ti”. “Vete a jugar que mañana te espera la historia de los moa”. |
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