Miguel 的个人资料El camino de Migo照片日志列表 工具 帮助

日志


2007/8/19

Ascensión a Gredos

Ahora que aún estoy caliente de haber subido este finde a Las Torres de La Pedriza, voy a aprovechar para relatar mi anterior ascensión: El Pico Almanzor.

 

A pocos días de cumplirse dos años de mi anterior intento subía esta vez con más experiencia, más completo y mejor preparado, y con muchas ganas.

 Ya llevaba tiempo con ganas de repetir intento y desde hace meses se estuvieron manejando días. Ahora con el curro es inevitable que tenga que ser un finde. Pensamos en mejores época pero se atrasó todo para Agosto, de nuevo. En mi cabeza estaba ir con Dani y Nando, compañeros de andanzas pedriceras, pero los calores veraniegos no les llamaban mucho la atención. La otra parte interesada en la ascensión era JoseM (el Elanio Verde) que lo preparó todo a las mil maravillas con tiempo de antelación.

 

Íbamos a intentar hacer cumbre el susodicho Jose y otros compañeros de ascensiones: su amigo Jose (Pasti), la voluntaria Ticu, esta vez sí Dani, y un compañero de trabajo de JoseM, Víctor.

 Nos juntamos en Getafe a una hora tardía por esos avatares del trabajo, y tras soportar el típico atasco agostero, nos presentamos en las Pozas de Hoyos del Espino a la hora de comer. Allí haríamos tiempo mientras charlábamos para comenzar la ascensión a una hora más prudente.

 

Sobre las 18:30 dejábamos los coches en La Plataforma de Gredos (1.770 m) y nos disponíamos a llegar a la Laguna Grande de Gredos (2.000 m) (perfil y mapa de la ruta) para pasar allí la noche. El comienzo, como lo recordaba, te rompe las piernas desde el primer metro, pero hoy teníamos mejor ritmo, íbamos sin prisa y disfrutando del camino empedrado que la Junta está haciendo para que la Laguna sea una romería. Y así podías ver a diversas gentes con sus chanclas, sus neveritas y sus bikinis bajando desde la Laguna (nunca me dejo de asombrar lo que es capaz de hacer la gente sin macuto a la espalda).

Pasamos el puente sobre el Río Pozas (con sus mencionadas) y subimos hasta los Barrerones (2.200 m) sin mayor dificultad. A estas alturas hace dos años sólo pensaba en volverme al coche. En la fuente de los Barrerotes disfrutamos de su refrescante agua. Desde el mirador de Gredos pudimos observar la primera cabra hispánica típica de Gredos, y un Aguililla Calzada que estaba preparando el petate para migrar. Y cómo no el imponente circo glaciar de Gredos con la laguna en la base custodiada por la sempiterna mirada del Moro Almanzor.

Se estaba haciendo tarde y si queríamos llegar con luz para elegir el sitio de dormir deberíamos bajar, no sin antes recargar las cantimploras de agua fresca para pasar la noche.

 

Llegamos sobre las 21:30 horas, habíamos hecho el recorrido de unos 7 km muy tranquilitos, disfrutando del paisaje y de las conversaciones. En un principio íbamos a situar el vivac cerca del Refugio Elola, pero Dani recordó mejores sitios y subimos un poco más para elegir una pequeña pradera rodeada de piedras donde ni humedad ni viento nos fastidiaran la noche. Dispusimos todos los bártulos y últimas adquisiciones del personal (aislante hinchable, funda de saco, almohadita, etc.) y cenamos tranquilamente mientras la noche nos hacía suya.

Al meternos en los sacos pronto supimos cuál iba a ser el incordio esa noche, los putos mosquitos. Pero el cielo infestado de estrellas esa noche nos distrajo durante un buen rato, y es que cuanto más lo mirabas más estrellas aparecían hasta tal punto de no apreciar hueco entre ellas.

Costó un poco pero al rato conseguí conciliar el sueño. Me desperté un par de veces por ruidos alrededor, y en una de esas salió de mi boca un “ostia!” al ver a JoseM mirar al cielo y contemplar juntos cómo ahora donde había estrellas había multitud de cúmulos de nubes. Volvimos a tomar el sueño y cada vez había menos nubes, pero como la calma que precede a la tempestad empezaron a surcar los cielos destellos que provenían del moro. Rayos sin truenos, alta montaña, sin techo…. Al minuto JoseM dijo, “me han caído tres gotas” y ahí estábamos los seis recogiendo todos los bártulos a la velocidad del rayo. Nos bajamos al Refugio donde esperábamos que cumpliera su palabra, viendo que otros, más tardíos de reflejos también tomaban su camino. Al llegar a la puerta otros estaban allí esperando a ver qué pasaba mientras el cielo se iluminaba intermitentemente. Decidimos abrir la puerta del refugio y nos metimos para el salón, sentándonos en la última mesa pensando la avalancha de gente que iba a acudir. Y en 15 minutos allí estábamos los seis sentados y un incesar de gente que llegaba y se tiraba al suelo, sobre los bancos o sobre las mesas para dormir. Y nosotros tuvimos que conciliar el sueño sujetándonos la cabeza entre los brazos, como en los mejores momentos de la cafetería de la Universidad.

Tras un prolongado sufrimiento y con las piernas doloridas por la acumulación de sangre, sonó el despertador programado para emprender la jornada de domingo a las 6.00 h. Nos miramos y nuestro deseo era patear a los que en el suelo nos impedían salir y correr hacia nuestras camas. No había llovido tanto, apenas un chaparrón y la piedras se secaron. Estuvimos pensándolo mucho, había pocas fuerzas y pocas ganas, pero nos pusimos a desayunar pensando en la ascensión. Cuando terminamos la luz ya nos permitía ver la cima con alguna nube. Y a las 7.15 nos pusimos a subir. (ruta aproximada de ascensión)

 

La primera parte la conocía de haberlo intentado hace dos años con Ángel de la Uni y sus amigos de Cruz Roja Montaña, y la recorrimos intentando seguir los mojones que por entre las piedras habían ido dejando otros excursionistas. Fuimos a ritmo hasta llegar al primer canchal de la subida. Esta primera parte había sido “suave” y ahora empezaba lo mejor. La subida era anárquica entre cantos rodados y grandes bloques desplomados. Se subía como se podía y cada uno a su ritmo. Se formaron dos grupos que se unificaron pasada la Hoya Antón donde el cuerpo dijo “dame un respiro” y aprovechamos para esperar a JoseM que se estaba recuperando de una pájara. La cima estaba más cerca pero más lejos, un macho cabrío parecía reírse de nuestra torpeza entre las piedras mientras se comía nuestros frutos secos. Mirábamos hacia arriba y veíamos la Portilla del Crampón. Pocos metros más atrás habíamos dejado a nuestra izquierda la otra vía de acceso, la Portilla Bermeja. Nos quedamos con la duda de cuál era la vía más complicada. Fuera como fuese teníamos ante nosotros un canal lleno de pedruscos sueltos, sin un camino marcado y que cada vez se estrechaba más. La única alegría era el día que había salido, el sol ya estaba brillando en lo alto pero estaba tapado por unas nubes que nos facilitaban la ascensión.

Las fuerzas flaqueaban, las piernas temblaban pero no había descanso, una piedra tras otra, y otra más. Llegábamos a la última parte del canal donde se estrecha más y el bastón ya no hacía su función, solo estorbaba. Empezamos a utilizar las cuatro extremidades y a trepar como podíamos sin resbalar y sólo mirar atrás para alguna foto de la osadía de hoy. Llegamos al collado muy disgregados, echamos un vistazo a las Canales Oscuras, pero el cuerpo solo pedía acabar de una vez con el sufrimiento. Ahora llegaba el momento de no dudar en el paso, porque uno en falso podía suponer el despeñarse. Estuvimos buscando el camino para ascender hasta la cumbre pero no era fácil. Lo intentamos por varios sitios y fue cuando Dani se golpeó la cabeza con un saliente de una roca. Quedó algo aturdido y tuvimos que detenernos a ver cómo seguía. JoseM y Ticu se quedaron con él y nuestros macutos, seguir intentándolo parecería una locura, porque no sabíamos por dónde subir, pero Jose (Pasti), Víctor y yo seguimos trepando.

 

Ya tocaba escalar haciendo uso de manos, dedos, brazos y antebrazos. Algún paso era de extrema dificultad para mí, máxime no sabiendo si conducía al lugar correcto. Por detrás llegaban tres senderistas más y no queríamos que fueran los primeros del día en llegar a la cima. Me adelantaron en un paso que no veía forma de subir pero en ese momento Jose asomó junto al punto geodésico y la cruz, había llegado a la cima (2.592 m). Eso me dio fuerzas para el último empujón, y conseguí salvar el escollo y, no sin temor, llegar hasta la cima, donde nos juntamos cinco personas en un par de rocas de pocos metros cuadrados que comprenden la cima. Eran las 10:00 y la sensación de estar allí, rodeado de todo el circo es lo típico que no se puede narrar con palabras. Te sientes el más grande, superando tu cansancio, tus impedimentos, tus miedos…superándote a ti mismo una vez más estábamos en lo más alto, el puto punto más alto de todo el Sistema Central. Éramos los reyes.

 

Cayeron las fotos de rigor, complicadas por la pequeñez y riesgo del lugar, y en nuestra mente comenzaba a ser presa del temor por la bajada. Habíamos hecho algunas trepadas que no sabíamos cómo las íbamos a bajar sin ayuda de cuerda. Lo conseguimos con ayuda del culo y descolgándonos en la pared que tanto me costó subir. Nos encontramos a nuestros compañeros que ya bajaban, fuimos a recoger los macutos y nos dispusimos a bajar. Nos encontramos a más gente según bajábamos pero fueron pocos los que aquella mañana llegaron hasta allí.

El descenso por la canal era complicado por las piedras y porque el sol ya apretaba desde todo lo alto sin nubes que le retuvieran. La mente estaba obtusa y no funcionaba con fluidez, mandaba torpes órdenes a las piernas y mi descenso fue con mucha precaución, pensando en mi rodilla mala. Me atrasé muchísimo, me esperaron y aprovechamos para un largo descanso cerca ya de la Hoya Antón. Un poco de crema solar y a seguir descendiendo piedras.

 

Cuando llegamos a la parte más suave donde por fin acabaron las piedras sueltas se puso a llover. De nuevo a cubrir el macuto y a seguir andando. Llegamos al Refugio Elola con sol y comimos lo que nos quedaba y algún refrigerio del Refugio. Pensamos en una siestecita de cara al viaje en coche, pero en cuanto nos tumbamos el cielo se cerró y comenzó a  lloviznar. Decidimos partir antes de que se pusiera peor, y toda la ascensión hasta los Barrerones fue incómoda, con lluvia y viento de forma que te mojabas por todas partes. Afortunadamente me encontraba mejor que en ningún momento del fin de semana y subí muy bien a ritmo con paradas para alguna foto. Iba a mi aire y la bajada hasta la Plataforma fue dura y con calambres, pero se llegó bien, y ya con sol. La excursión había finalizado, solo quedaba coger el coche y de vuelta a casa con algún atasco (vendito Madrid, y venditos currantes).

 

De nuevo una meta superada y un hito conseguido, esta vez sí, cojones!

  

 

2007/5/20

Subida al Ocejón

Este año se siguen superando metas, y en esta ocasión le tocó al Pico Ocejón en Guadalajara.

Fue hace casi un mes (perdonad la dejadez en la que tengo sumido a mi espacio) aunque estaba preparado desde hace más tiempo por parte de Jose Miguel el Elanio Verde.

Fue un domingo de madrugón y muchas dudas, porque físicamente no estaba sobrao, pero había que aprovechar la ocasión ya que tenía muchas ganas de hacer esa cumbre. Salimos desde Getafe tempranito Jose, Pablo, Ticu (voluntaria de Ordesa) y el Elanio. De camino se uniría a nosotros Hugo, formando el sexteto de subida.

El Ocejón es la cumbre más alta de la sierra del Robledal, una estribación de la Sierra de Ayllón que sirve de divisoria de aguas entre la cuenca del Jarama y del Sorbe, en la provincia de Guadalajara, comarca de la Arquitectura Negra.

Tiene una subida más relajada desde Majaelrayo, pero nosotros decidimos ir hasta Valverde de los arroyos para ver las chorreras de Despeñalagua. Y así hicimos, coincidiendo en el camino y en la meta con mucha gente. Las cascadas llevaban bastante agua pero imaginaba mucha más, supongo que la escasez de nieves este invierno se haya notado. Y desde allí decidimos continuar la subida al Ocejón por su parte más dura. Y si esa era su vertiente más empinada sin quererlo la hicimos aún más al confundir el camino de ascensión. Lo suyo es deshacer nuestros pasos unos metros para subir por un camino que discurre justo por encima de las chorreras. Pero no nos acordamos de tal hecho y yo recordaba que desde la “orilla” derecha del río ascendía un “camino” amojonado. Y por ahí decidimos trepar, en busca de los mojones que pronto perdimos. Nos introducimos al libre albedrío por entre brezos y diversidad de arbustos llenos de pinchos que hicieron la delicia del único aventurero con pantalones cortos, YO. Con las piernas harpadas decidí que no deberíamos abandonar los mojones e intentamos recuperarlos. Pero éstos nos conducían por cantiles, riscos y agujas de cansado caminar. Vimos que tras nuestros pasos venía más gente por lo que supusimos que iríamos por el buen camino, pero creo que estaban tan despistados como nosotros. 

Fue cuando divisamos a lo lejos y tras un valle la cima del Ocejón, que parecía mucho más lejano que al principio y nuestros ánimos se vinieron abajo. Frutos secos para el cuerpo e hidratación, y el pensamiento de la cervecita de recompensa hicieron que retomáramos aliento para afrontar el tramo medio hasta alcanzar el camino correcto de subida. Hasta la antecumbre el camino fue libre por entre las lascas de pizarra. Y una vez repuestos del esfuerzo y cuestionados los senderistas, afrontamos la parte final de la ascensión, complicada también, pero después de por donde habíamos pasado no suponía ninguna complicación. Tramos con fuerte pendiente y con “escaleras” nos condujeron al punto geodésico que marca la cima de la cumbre a los 2.048 m.s.n.m. La merecida comida, los chascarrillos y las fotos de rigor fueron el cúlmen a las más de 3 horas tranquilas de subida.

A la bajada nos esperaba un nuevo camino, el que deberíamos haber hecho desde el principio, sembrado de gayuba por todas partes. Muy agradable divisando collalbas grises a diestra y siniestra. Vadeamos por donde pudimos el río antes de precipitarse por las chorreras, y seguimos tomando fotos del acontecimiento. Y es que la primavera ya había llegado con pleno esplendor, los pajarillos estaban radiantes y había una lucha sonora digna de ser apreciada. Unas motos deslucieron tal hecho pero la paciencia tiene su recompensa y se pudieron divisar reclamos de curruca rabilarga, tarabilla y petirrojo.

Se concluyó con la merecida cerveza en un bar de Valverde y de vuelta a casa que al día siguiente había que currar. Una gran jornada y una inmejorable forma de pasar un agradable domingo primaveral.


2007/1/21

Humedales e invernantes

 

De un mes a esta parte, como no puede ser de otra manera, sigo aumentando mi afición a las aves. Entramos en el invierno y es época de las aves invernantes, valga la redundancia. Aves que por diferentes motivos, relacionados mayormente con la disponibilidad de alimento, abandonan tierras septentrionales para viajar largas distancias hasta nuestras latitudes.

El ciclo de la migración es algo hermoso, lo califico de sobrenatural por el esfuerzo de los animales y las distancias que se pueden calificar hasta de planetarias. Si a alguien le interesa el tema de la migración y la belleza de la naturaleza en estado puro (aunque impregnado) le recomiendo ver la película-documental “Nómadas del viento”.

   Después de despedirme de rapaces, cigüeñas y algún que otro paseriforme, llegaba el tiempo de dar la bienvenida a patos, gansos, gallináceas y grullas, entre muchos otros, que deciden pasar el invierno en estas cálidas (este año sobre todo) tierras.

  Y para ello se planeó la visita (un año más, con Elena) a Las Lagunas de Villafáfila (Zamora, 17 Diciembre 2006) donde se pueden ver grandes concentraciones de Ánsar Común (hasta 30.000 ejemplares) y diversidad de anátidas. El frío fin de semana se completó pasando por La Laguna de la Nava (Palencia, 16 Diciembre 2006) donde la niebla dejó ver muchísimos aguiluchos, y visitando fugazmente la Sierra de la Culebra (Zamora, 18 Diciembre 2006) hogar del Lobo Ibérico. 

En medio de las Navidades e inmersos en su vorágine consumista, el 3 de Enero de 2007 estrené año ornitológico descubriendo junto con Jose (Elanio Verde) y Jorge la Mancha Húmeda, donde pudimos ver, entre muchas más, flamencos y grullas. No podía suponer que a 100 km de Madrid descubriría a estas grandes aves. Son lagunas en mayor número que Villafáfila, pero sufriendo mayor presión antrópica. Gratamente me sorprendió la laguna de Manjavacas, a la que prometimos volver, por su extensión, conservación y por ende diversidad de avifauna.

Pero no hace falta viajar mucho para ver invernantes, en las lagunas de Rivas hay una buena representación de ellas, y puedes descubrir sitios realmente bonitos.

Lo que no deja de sorprender es la capacidad de las aves para amoldarse al medio y su paisaje. Sitios tan desapacibles como las lagunas de Villafáfila y Villacañas, con temperaturas bajo cero en superficie (el frío que tiene que hacer en el lugar de donde vienen), y tan modificados e impactados como Rivas y Alcazar de San Juan son hábitats presumiblemente idóneos para estas aves. Creo que estos pobres pájaros no entienden de belleza paisajística... definitivamente.

Os dejo unas foticos (podéis ver más en el álbum correspondiente) y unos enlaces vinculados por si algún visitante quiere más información.

Descubrid, conservad y disfrutad los humedales!! Un saludo!


2006/6/24

La Pedriza del Manzanares

 

Aquí me veis, la foto está tomada hace unas semanas, no tuve que pagar un caro billete de autobús, ni tuve que arreglármelas de ninguna manera para q me cogieran en un voluntariado, no tuve q desplazarme a ningún Parque Nacional, no necesité conocer conocer gente experimentada en temas de campo...

 

 

 A veces encuentras el lugar y el momento de la manera más sencilla, y vuelves a descubrir q lo q está cerca tiene mucho valor, y no es necesario partirte la cabeza para encontrarte (aunque eso tampoco sea malo).

Para el q no lo reconozca y no se haya visto las fotos, os diré q estoy en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, concretamente en la famosa Pedriza. Y descubres estos lugares a pocos kilómetros de Madrid, apenas a media hora si tienes suerte.

El lugar donde dejas de ser uno más de los casi 6 millones de habitantes de la región, para pasar a formar parte de la naturaleza y el entorno se encuentra a 1.550 m de altitud y si me pedís la localización exacta os la daré con grados minutos y segundos. Pero creo q es más sencillo q os lleve yo... si me acuerdo.

He de  decir q el lugar en sí no es ninguna maravilla de la creación: bolos de granito, pinares de repoblación, algunas otras repoblaciones desafortunadas, enebrales, arrendajos, buitres, herrerillos, cabras... como en 3/4 parte de España, pero qué quereis q os diga, está en Madrid, parece mentira.

Tb he de decir q hay q currárselo un poco, pues si te quedas en Canto Cochino, la entrada al Parque, en un día festivo de buen tiempo, disfrutarás de las mismas aglomeraciones y espectáculos domingueros q en el Retiro o la Casa de Campo. Pero si consigues pasar del Refugio Giner y adentrarte en la Pedriza Posterior, la sombra te acogerá y podrás disfrutar de la naturaleza más intimamente. Y si la conoces mejor podrás encontrar una agradable cabañita en la q podrás pasar la noche.

Increibles son las historias q se pueden oir de los q poco a poco la fueron construyendo hace ya 25 años, cuando el montañismo estaba en pleno apogeo. Ahora va necesitando otras manos q la maquillen, quizá algún día... pero en todo caso, cualquiera q vaya será bienvenido si viene acompañado del respeto y el saber comportarse. Es de todos.

Y ya veis q no somos nada para la Pachamama, apenas un suspiro, un mal dolor de cabeza, conservemos lo poco q tenemos, no nos lo quitemos los unos a los otros.